Numerosas congregaciones religiosas se dieron cita la tarde del domingo 1 de febrero en el trascoro de la Catedral de Sevilla, para celebrar la Jornada de la Vida Consagrada, que tiene lugar el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el Templo. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió la Eucaristía, concelebrada por el Vicario episcopal para la Vida Consagrada, José Ángel Martín.
Monseñor Saiz Meneses agradeció a los religiosos y religiosas, miembros de los institutos seculares, vírgenes consagradas y a las monjas de clausura que acudieron a la celebración su presencia y su vida, que definió como don para la Iglesia y servicio silencioso para el mundo. El arzobispo remarcó la importancia de la vida consagrada en un mundo en el que priman las apariencias, lo rentable y lo útil, pues esta se entiende desde Dios, y no «desde la eficacia mundana, ni desde la lógica del prestigio, ni desde el cálculo estratégico». Los consagrados «mantienen encendida la lámpara, sin hacer ruido», sosteniendo la misión con su oración, implicados en la educación, en la sanidad, en la caridad o la misión ad gentes, acompañando a jóvenes, familias, ancianos, migrantes, reclusos…


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