miércoles, 14 enero 2026

El litoral andaluz acoge 117,70 kilómetros cuadrados de praderas marinas, el 60% de ellos de Posidonia

La Junta mantiene una red de 33 estaciones fijas de seguimiento en toda el área de distribución de esta planta acuática

Las praderas de fanerógamas marinas constituyen uno de los ecosistemas más valiosos del litoral andaluz por su papel en el funcionamiento ecológico del medio marino y su estrecha relación con la calidad ambiental de la costa. En Andalucía, la cartografía más reciente disponible refleja que estos hábitats ocupan actualmente una superficie total de 117,70 kilómetros cuadrados, de los que 71,02 kilómetros cuadrados corresponden a praderas de posidonia oceánica (‘Posidonia oceanica’), que representan la mayor parte de las fanerógamas marinas presentes en aguas andaluzas.

La posidonia oceánica es una planta marina perenne y endémica del Mediterráneo que forma extensas praderas sobre el fondo marino. A pesar de su elevada productividad, se caracteriza por un crecimiento extremadamente lento (de uno a cuatro centímetros anuales, es decir, un metro en un siglo), lo que convierte a estas formaciones en ecosistemas especialmente sensibles a las alteraciones. En la costa andaluza, su distribución responde a un gradiente natural de este a oeste, con las formaciones mejor desarrolladas en la provincia de Almería y una presencia progresivamente menor conforme se avanza hacia el Estrecho, donde se sitúa su límite oriental en la provincia de Cádiz.

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Estas praderas desempeñan un papel esencial en el equilibrio del medio marino, ya que actúan como zonas de alevinaje para numerosas especies de interés ecológico y pesquero, favorecidas por la elevada producción de oxígeno, la captura de carbono y la capacidad de retener biomasa, que le permite albergar una rica comunidad de algas y animales. Al mismo tiempo, contribuyen a la protección física del litoral frente a la erosión y la subida del nivel del mar, gracias a la retención de sedimentos y a la formación de arribazones que amortiguan el impacto del oleaje en las playas.

Su presencia está también directamente relacionada con el aumento y mantenimiento de la transparencia del agua, al reducir la suspensión de partículas en el fondo marino. A ello se suma su contribución a la mitigación del cambio climático, al funcionar como un importante reservorio de carbono azul en su potente sistema de rizomas.

La relevancia de posidonia oceánica se refleja en su reconocimiento normativo. A nivel europeo, las praderas de posidonia oceánica constituyen el único hábitat marino prioritario: 1120 praderas de posidonia, según la Directiva Hábitats (Dir 92/42/CEE). En Andalucía, la especie se encuentra incluida en el Listado de especies silvestres en régimen de protección especial y forma parte del Plan de recuperación y conservación de invertebrados amenazados y fanerógamas del medio marino aprobado en 2017.

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Seguimiento del estado de conservación

El conocimiento sobre la extensión y el estado de conservación de estas praderas ha avanzado de forma notable en los últimos años. Andalucía dispone actualmente de una cartografía actualizada de las praderas de fanerógamas marinas, que se revisa de forma anual en el marco del Programa de Gestión Sostenible del Medio Marino. Esta base de información permite identificar la localización y extensión de las praderas y constituye una herramienta esencial para orientar las actuaciones de gestión y conservación.

Desde 2004, la Junta de Andalucía realiza un seguimiento continuado del estado de conservación de las praderas de posidonia oceánica a lo largo de la franja litoral, en coordinación con los equipos de seguimiento de las Estrategias Marinas del Instituto Español de Oceanografía. Estos trabajos se integraron en 2009 en el programa POSIMED, una iniciativa orientada a la difusión y al intercambio de datos sobre la situación de las praderas y las presiones que pueden comprometer su supervivencia.

Pradera de Posidonia en Nerja (Málaga).

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Formación de Posidonia en Nerja (Málaga).

Este sistema de seguimiento continuado permite disponer de una visión homogénea de la evolución de estos ecosistemas a lo largo del tiempo. En el litoral andaluz, el programa se articula a través de 33 estaciones fijas repartidas en toda el área de distribución de posidonia, y cuenta, además, con un componente de ciencia ciudadana que fomenta la participación voluntaria en las tareas de observación y seguimiento.

Paralelamente, los proyectos europeos LIFE en los que ha participado la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente han permitido profundizar en la cuantificación de los servicios ecosistémicos asociados a estas praderas. El proyecto LIFE+Posidonia abordó el análisis del coste económico de la degradación de estos hábitats, con especial atención a la pérdida de recursos pesqueros vinculados a la flota artesanal.

Por su parte, el proyecto LIFE ‘Blue Natura’ avanzó en el cálculo de la capacidad de las praderas para capturar y almacenar dióxido de carbono, un trabajo que ha permitido establecer un estándar para la certificación de créditos de carbono azul y la inclusión de proyectos de restauración de posidonia en el Sistema Andaluz de Compensación de Emisiones.

Sensibilización y educación ambiental

La sensibilización y la educación ambiental han sido otros de los ejes de actuación desarrollados en los últimos años. Las campañas impulsadas en el marco de los proyectos LIFE y del programa Intemares han contribuido a incrementar el conocimiento sobre la importancia de las praderas de posidonia oceánica y los beneficios que aportan, tanto en el ámbito educativo como entre la ciudadanía en general.

En el contexto del Reglamento europeo relativo a la restauración de la naturaleza, las praderas de fanerógamas marinas ocupan un lugar destacado por su carácter prioritario. En este marco, la restauración pasiva, basada en la reducción de impactos y en la mejora de las condiciones ambientales que permiten la recuperación natural de los ecosistemas, se plantea como un enfoque preferente y un paso inicial antes de considerar intervenciones activas más complejas. Esta aproximación refuerza la importancia de prevenir las afecciones directas sobre las praderas y de ordenar adecuadamente los usos que se desarrollan en el medio marino.

Así, el pasado mes de diciembre, la Junta de Andalucía organizó un ‘Workshop’ internacional sobre restauración de fanerógamas marinas, con el objetivo de crear un espacio de discusión y debate en torno a cuestiones fundamentales que plantea el Reglamento Europeo para la Restauración de la Naturaleza, y que requieren de un consenso entre los ámbitos de la ciencia y la gestión. En esta cita participaron más de 60 expertos nacionales y de países europeos como Portugal, Italia o Suecia, además de gestores de la administración nacional, andaluza y de otras comunidades autónomas con ecosistemas marinos.

La protección de estos hábitats marinos se refuerza también mediante la ordenación de usos en espacios naturales protegidos. En este sentido, el Gobierno andaluz ha avanzado recientemente en la regulación de determinadas actividades en el medio marino, como la restricción de la circulación de motos de agua en las aguas del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Esta medida se orienta a prevenir la contaminación acústica y minimizar los riesgos para la fauna marina y la seguridad de los usuarios del litoral, y se aplica en una franja marina de una milla náutica de anchura, tras un proceso de análisis y debate en los órganos de participación del espacio natural protegido.

Esta actuación se suma a otras medidas de ordenación de usos desarrolladas en los últimos años en este espacio natural protegido, como la regulación de actividades de turismo activo, la ordenación de rutas turísticas en embarcaciones a motor o el balizamiento de playas naturales para restringir temporalmente el acceso de embarcaciones durante el periodo estival. El objetivo común de estas iniciativas es compatibilizar el disfrute del medio litoral con la conservación de los valores ecológicos y paisajísticos que caracterizan uno de los tramos de costa mejor conservados del Mediterráneo español, donde se localizan hábitats marinos de interés comunitario, entre ellos, las praderas de posidonia oceánica.

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