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Una quincena de jóvenes ha colaborado con Cáritas Diocesana acompañando a personas mayores durante la pasada Navidad. Puede leer sus testimonios completos aquí y aquí.
Hace no mucho, en Navidad, cuando todo nos hablaba de hogares llenos y habitados, de encuentros alegres y celebraciones festivas, de mesas compartidas y abundantes, la soledad no deseada se ha revelado también como una experiencia especialmente dura para muchas personas.
Atentos a sus circunstancias, quince jóvenes de la Pastoral con Jóvenes han querido abrirse durante la pasada Navidad a una experiencia distinta, colaborando con Cáritas Diocesana en una iniciativa sencilla pero significativa: acompañar a personas mayores en situación de soledad. Y así, durante esas semanas han visitado a mayores, han ido a merendar con ellas, les han llevado pequeños regalos y, sobre todo, les han entregado su atención y su tiempo.
El sentido de esta iniciativa se planteó una experiencia de maduración personal y cristiana. “No se trataba solo de ‘hacer algo por Navidad’, sino también de aprender a mirar la realidad con los ojos del Evangelio, de dejar que el encuentro con los más vulnerables interpelase la propia fe”, explican fuentes de la oenegé católica.
Jóvenes comprometidos
Acompañar a una persona mayor implica detener el ritmo, escuchar historias de vida, compartir silencios, ver con atención a quien, muchas veces, se siente invisible, hasta descubrir que la fe no se vive solo en el grupo o en la celebración, sino que se encarna cuando se convierte en servicio concreto.
Lo expresa Sofía, una de las participantes más jóvenes, que a sus 15 años explica que “esta colaboración ha consistido en acompañar a los más mayores, pasar tiempo con ellos, que se sientan acogidos”. También confiesa que esta experiencia le ha ayudado a darse cuenta de que “el tiempo es lo más valioso que tenemos y que siempre hay que estar dispuesto para ayudar a los que lo necesiten”.
Por su parte, Lucía, de 21 años, señala que este acompañamiento ha sido un primer acercamiento directo a la labor de Cáritas: “He podido acercarme de una forma más concreta a lo que significa su labor: estar cerca de quienes más lo necesitan, desde la cercanía, la escucha y la presencia”. Lucía relata cómo la propuesta surgió desde la pastoral juvenil de su Parroquia San Agustín de Hipona, en Alcalá de Guadaíra, y cómo, tras ponerse en el lugar de esas personas mayores, decidió implicarse: “Pensé que, si mis abuelos estuvieran en esa situación de soledad, me gustaría que alguien los acompañara, los escuchara y estuviera con ellos”.
La jornada compartida con los mayores, marcada por gestos sencillos —una dinámica navideña, villancicos, una merienda, el acompañamiento hasta casa— se convirtió en un espacio de encuentro real.
Fernando, de 26 años, también ha participado en esta iniciativa de Cáritas. Para él, este voluntariado se inserta en un camino previo de compromiso y búsqueda, pero ha supuesto un paso decisivo en su manera de entender el acompañamiento. Fernando destaca la fuerza de lo cotidiano y lo sencillo: encuentros alrededor de un café, conversaciones largas, gestos de hospitalidad y agradecimiento que dejan huella. Desde ahí reconoce que, especialmente en fechas como la Navidad, “el acompañamiento se vuelve aún más necesario”. Y asegura que “al final, somos nosotros los que salimos agradecidos”. Por eso define esta experiencia como “muy humana y profundamente cristiana”, y como una invitación a seguir estando cerca, más allá de lo puntual.
Finalmente, Lucía confiesa que tras este apostolado “volví a casa con el corazón lleno y con la certeza de que estos pequeños gestos pueden cambiar mucho más de lo que imaginamos”. Y concluye con una certeza que resume toda la experiencia, compartida por el resto de jóvenes voluntarios: “A veces no hacen falta grandes acciones, sino estar, escuchar y compartir tiempo”.



