Bajo el lema ‘El amor de las madres conquista al mundo. Unidas en oración salvamos a nuestros hijos’, los grupos de la Oración de las Madres nacieron en Inglaterra en 1995 como respuesta a la inquietud de Verónica Williams de “pedir por nuestros hijos de manera especial, para poder combatir los problemas a los que se enfrentan”. Treinta años más tarde, estos grupos de oración están presente en más de 130 países, y solo en España, desde 2005, reúne a más de 3.000 madres.
En la Archidiócesis de Sevilla aterrizó en 2016 en la Parroquia San Sebastián y desde entonces se han creado numerosos grupos en distintas parroquias de las diócesis con alrededor de 500 madres. Concretamente, hay grupos de Oración de las Madres en la Parroquia de San Sebastián, Corpus Christi, San Roque, San Pedro, La Candelaria o Nuestra Sra. de los Remedios entre otros; y en varias parroquias de la provincia como en Dos Hermanas, Las Cabezas de San Juan, Lora del Río, Mairena del Aljarafe, Tomares, Villamanrique, Aguadulce o Palomares.
Leonor Rodríguez, consagrada de Totus Tuus, es la coordinadora de la Oración de las Madres en Andalucía y lleva más de una década colaborando en diversos proyectos de la Delegación Diocesana de Familia y Vida.
¿Qué es la Oración de las Madres y qué la hace tan especial?
La Oración de las Madres es, ante todo, un grupo de madres que se reúnen para rezar por sus hijos y por su familia. Esa es su esencia. Si tuviera que destacar una característica clave, sería la sencillez. Es tan sencillo como ponerse delante del Señor y rezar desde el corazón, pero con la fuerza de la comunidad.
Los grupos suelen ser pequeños, entre tres y nueve madres como máximo, que se reúnen una vez a la semana durante aproximadamente una hora. Solo necesitan un día, un lugar y constancia. Es así de simple.
¿Qué la diferencia entonces de una oración privada que puede hacer cada madre en casa?
Tiene una estructura muy sencilla, pero definida. Comienza con una oración al Espíritu Santo, una oración de protección, un momento de alabanza, una oración por la unidad de los grupos y una acción de gracias por la maternidad. También se lee un pasaje de la Biblia y se comparte lo que nos suscita. El momento central es cuando las madres ponemos a nuestros hijos en manos del Señor, y digo “nuestros hijos”, aunque yo estoy consagrada, pero tengo muchos hijos espirituales.
Se escriben los nombres de los hijos, del marido y de los ahijados en unos círculos que se colocan en una cesta que simboliza las manos de Jesús. Cada madre, en voz alta, hace una oración sencilla ofreciendo a sus hijos con sus situaciones concretas. Además, cada una adopta en la oración a un sacerdote o a una persona consagrada por la que va a rezar como parte de la familia.
Y eso se comparte en voz alta, creando una comunidad entre las madres.


Y es verdad que se crean vínculos muy profundos. Muchas madres dicen que comparten más con su grupo de oración que incluso con amigas de toda la vida. Cuando lo que se comparte es espiritual, la unión es mucho más fuerte.
La espiritualidad del abandono y la confianza guían nuestros grupos. La Oración de las Madres ayuda a entender que nuestros hijos, antes que nuestros, son de Dios, Él nos los confía por un tiempo. Cuando una madre los pone en manos del Señor, se libera de una carga enorme. No dejamos de preocuparnos, pero descansamos en Él. Muchas madres experimentan cómo cambia incluso la relación con sus hijos a partir de empezar a rezar así.
¿Podría compartir alguna experiencia concreta?
Hay muchísimas, siempre respetando la confidencialidad. Recuerdo una madre que me decía que, tras varios meses en la Oración de las Madres, su relación con su hijo había cambiado completamente. Ella había aprendido a “dejarle ser”, y eso abrió el diálogo y sanó la relación.
También recuerdo a una madre viuda que decía que, sin su grupo de oración, no habría podido salir adelante. El grupo la sostuvo espiritualmente y también de forma muy concreta, acompañándola en el hospital, ayudando a sus hijos, estando presentes.
Cuando uno reza, el Señor conoce nuestras necesidades y sale al paso, de la forma que Él quiere, pero siempre sale al paso.
¿Qué perfil de mujeres encontramos en estos grupos?


Por tanto, no es necesario reunirse siempre ante el Santísimo
No necesariamente. Se puede rezar en una capilla, en un salón parroquial o en una casa. De hecho, los grupos que se reúnen en casas son preciosos, porque convierten el hogar en un lugar de oración. Eso también evangeliza dentro de la familia. Eso sí, los grupos siempre están vinculados a la parroquia y de vez en cuando hacen alguna oración juntos.
Siendo consagrada, ¿cómo vive la maternidad espiritual?
Llegué a la Oración de las Madres de forma muy sencilla, acompañando grupos en una parroquia. Me di cuenta de que, aunque sea consagrada, soy mujer y llevo la maternidad en el corazón. Donde hay una madre que vive la fe, hay un hogar donde Dios está presente.
Ver a veinte o treinta madres de rodillas, ofreciendo a sus familias al Señor, es una fuerza evangelizadora enorme. No son veinte madres, son veinte familias. Esa es mi misión: ayudar a que otros se encuentren con el Señor.
Tras años acompañando a miles de mujeres durante los últimos años, ¿cuáles cree que son las principales preocupaciones de las madres hoy?
Las mismas que tiene cualquier familia: trabajo, salud, situaciones difíciles… pero, sobre todo, que los hijos sean buenas personas y estén cerca del Señor. En barrios muy humildes hemos escuchado realidades muy duras: hijos en la cárcel, problemas de drogadicción… La Oración de las Madres es para todos. Además, rezamos no solo por nuestros hijos, sino por todos los hijos del mundo, especialmente en lugares de guerra y sufrimiento.
Además, coordina el grupo Mirando al Cielo, para padres que tienen un hijo en el Cielo.
Es un proyecto que llevo muy en el corazón. La pérdida de un hijo es el dolor más grande que existe, tanto que no tiene nombre. En este grupo no hablamos de hijos perdidos, sino de hijos que viven en el Cielo.
Nos reunimos una vez al mes en la Parroquia del Corpus Christi: celebramos la Eucaristía, rezamos por los hijos y compartimos. Solo quien ha vivido este dolor puede comprender a otro. Es un espacio donde no hay que dar explicaciones.
La clave es enseñar a mirar al Cielo, no a quedarse atrapados en el “por qué”, sino a vivir desde la esperanza cristiana. No es fácil, pero Dios actúa de una forma impresionante.
Es un testimonio de esperanza, especialmente para matrimonios que podrían romperse tras una tragedia así.
Totalmente. No somos terapia de duelo, somos un grupo parroquial. Cristo está en el centro. Y se ve cómo, con el tiempo, el dolor se transforma en entrega y servicio a otros que llegan destrozados.
Este año, además, tendremos en Sevilla el primer retiro TALITHA QUMI, dirigido a padres y madres que tengan un hijo que haya partido a la vida eterna, centrado en la esperanza cristiana. Tendrá lugar los días 6, 7 y 8 de marzo, en el convento Madre de Dios de Carmona. Los interesados pueden inscribirse en el siguiente enlace.
Se trata de un retiro para mirar al Cielo con esperanza y tratar de abrazar con gozo el plan de Dios. Una experiencia que nos ayude a todos a disfrutar de la vida eterna ya desde este momento.
Más información y solicitudes para abrir nuevos grupos de Oración de Madres a través del correo oraciondemadres.sevilla@outlook.es.



