El próximo 6 de enero, fiesta de la Epifanía, la Iglesia española celebra la jornada dedicada a los Catequistas Nativos, verdaderos protagonistas de la evangelización en las Iglesias de misión. En América, Asia y sobre todo en África, su labor es inestimable. Lo es por la cercanía al pueblo de Dios en su vida cotidiana y por cómo plantan y cultivan la semilla de la fe; por enseñar a rezar a los más pequeños y vivir con coherencia a los mayores; por ser, ante la falta de sacerdotes, los líderes de sus comunidades.
Los catequistas, un total de 2,8 millones a nivel mundial, son personas que, especialmente en tierras de misión o en el contexto de las iglesias jóvenes, se presentan como auténticos pilares de la pastoral y la evangelización. Según las Obras Misionales Pontificias, su número ha aumentado en el último año en 20.000 personas, especialmente en Asia.
Como definición de estos catequistas, las OMP citan a san Juan Pablo II en su exhortación apostólica “Catechesi tradendae”: “El título de ‘catequista’ se aplica por excelencia a los catequistas de tierras de misión. Habiendo nacido en familias ya cristianas o habiéndose convertido un día al cristianismo e instruidos por los misioneros o por otros catequistas, consagran luego su vida, durante largos años, a catequizar a los niños y adultos de sus países. Sin ellos no se habrían edificado Iglesias hoy día florecientes”.
Sacerdotes diocesanos misioneros
La organización y animación de la Jornada del Catequista Nativo está encomendada en España al Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), por ello, se hace coincidir este día con la fiesta misionera de este Instituto, un órgano que facilita a los sacerdotes diocesanos españoles servir como misioneros en los lugares más difíciles de evangelizar y que desde el año 1919 ha facilitado que medio millar de presbíteros hayan llevado a cabo esta misión.
Hace apenas un siglo, la misión ad gentes era propio únicamente de congregaciones religiosas, no tanto para el clero diocesano o para las familias. Sin embargo, gracias al dinamismo misionero de sacerdotes de Burgos se abrió una nueva “cantera” misionera. Fue el papa Benedicto XV el que respaldó esta puerta a la misión, un pontífice que alentaba a los sacerdotes diocesanos a llevar el mensaje del Evangelio a todos los rincones del mundo. Tras el cambio de mentalidad que supuso el IEME surgieron otros cauces para vivir la misión a partir de las diócesis, como las misiones diocesanas, los hermanamientos entre diócesis y parroquias u otros acuerdos de colaboración.
La fiesta misionera de la Epifanía tiene, por tanto, dos destinatarios de la generosidad de los fieles: los catequistas y el IEME. La mitad de la colecta de ese día, correspondiente a los catequistas en los territorios de misión, se entrega a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que lo destina a su sostenimiento y formación. La otra mitad va destinada al Instituto Español de Misiones Extranjeras, pionero en la toma de conciencia de que todo cristiano es misionero, sea religiosa o religioso, sacerdote o laico.



