domingo, 31 agosto 2025

Científicos identifican variedades de quinoa, adaptadas al campo andaluz, ricas en vitamina E y ácidos grasos

El trabajo, cofinanciado por la Consejería de Universidad, abre la puerta a desarrollar semillas más saludables y mejor adaptadas

Un equipo de investigación del Departamento de Mejora Genética Vegetal del Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba (IAS-CSIC), en colaboración con el Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX), ha demostrado que la cantidad de vitamina E y grasas saludables de la quinoa depende de la genética de la planta, lo que permite la selección de variedades adaptadas al clima del sur y suroeste de España.

El estudio analizó más de un centenar de líneas de este pseudocereal cultivadas durante dos años en secano en campos experimentales de Córdoba y Guadajira (Badajoz). Los resultados, plasmados en el estudio Genetic and environmental influences on fatty acid and tocopherol diversity in quinua germplasm, publicado en la revista Frontiers in Plant Science, revelan que algunos genotipos contienen niveles muy altos de tocoferoles, un tipo de vitamina E con acción antioxidante, y de ácidos grasos insaturados, especialmente beneficiosos para la salud cardiovascular.

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Los trabajos de investigación han sido financiados por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y Fondos FEDER.

De izquierda a derecha, Sara Fondevilla, Javier Matías, Lonardo Velasco y Verónica Cruz.

De izquierda a derecha, el equipo investigador: Sara Fondevilla, Javier Matías, Lonardo Velasco y Verónica Cruz.

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Estos hallazgos confirman el potencial de la quinoa como alimento funcional: es decir, aquel que no solo nutre, sino que contribuye a la prevención de enfermedades, al igual que el yogur con probióticos o el pescado azul. Al mismo tiempo favorecen la consolidación de un cultivo emergente en España y estratégico en contextos de cambio climático, por su alta resistencia a la sequía.

Un cultivo con historia y con futuro

Originaria de los Andes, especialmente Perú y Bolivia, la quinoa (Chenopodium quinoa) ha ganado protagonismo internacional en los últimos tiempos por su valor nutricional y su resistencia a condiciones extremas. En España comenzó a introducirse hace una década, especialmente en Andalucía, convirtiéndose en 2023 en el sexto exportador mundial según la base de datos de comercio global Comtrade de las Naciones Unidas.

La línea de investigación surge precisamente de esta expansión. “Queríamos comprobar hasta qué punto las cualidades nutricionales dependen del ambiente o de la genética; conocer el margen real de mejora”, explica a la Fundación Descubre, organismo dependiente de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, la investigadora del IAS Sara Fondevilla, autora principal del estudio.

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El trabajo comenzó con una colección de más de 300 accesiones, muestras de distintos países y diversidad genética conservadas en bancos de germoplasma. Tras un primer filtrado, seleccionaron 216 aptas para sembrar durante dos años en los dos centros de ensayo, aunque solo 126 produjeron semilla suficiente y mostraron un comportamiento estable en los cuatro ambientes para su análisis en profundidad. En concreto, el equipo examinó aspectos agronómicos, como el rendimiento o la adaptación al clima; nutricionales, como el perfil de ácidos grasos y el contenido en vitamina E, y de resistencia a enfermedades.

Hallazgos de interés

Los resultados revelaron gran variabilidad entre los genotipos. Algunos superaban el 80% de α-tocoferol, la forma más activa de la vitamina E, mientras otros predominaban en γ-tocoferol, con propiedades antiinflamatorias. Además, cuantificaron qué proporción de esta variación se debe a la genética. En algunos casos, como el ácido linolénico (omega-3) y el perfil de tocoferoles, observaron una heredabilidad alta, hasta un 86%, lo que indica que la genética tiene mayor peso que el ambiente. “Esto supone que se puede optimizar el perfil para estos compuestos saludables en las variedades de quinoa mediante mejora genética”, expone Fondevilla.

Campo de ensayo en Córdoba.

Campo de ensayo en Córdoba.

También detectaron que el contenido en aceite y la cantidad de tocoferoles están positivamente correlacionados; es decir, las líneas más ricas en grasa tienden a tener más antioxidantes, por lo que se podrían mejorar ambos rasgos beneficiosos a la vez sin que uno comprometa al otro.

Otro hallazgo interesante fue la diferencia por origen geográfico, pues las semillas de Chile y Estados Unidos mostraron mayor proporción de α-tocoferol, mientras las de Perú y Bolivia tenían más γ-tocoferol. Estas diferencias coinciden con la división conocida entre las dos grandes familias genéticas de la quinoa, las variedades de tierras bajas y de tierras altas, que ahora también se distinguen por sus perfiles nutricionales.

Con esta base, el equipo podrá seleccionar las líneas más estables que garanticen la producción en secano y buenas características nutricionales, y avanzar en la identificación de marcadores genéticos asociados a los compuestos más beneficiosos, lo que facilitará en una siguiente fase el desarrollo de variedades mejoradas de forma más rápida y precisa.

El objetivo final es lograr una quinoa que sea rentable para el agricultor y atractiva para el mercado. “Si conseguimos un genotipo con semilla grande, resistente a enfermedades y con alto valor nutricional, será más productivo y se venderá mejor”, destaca la investigadora. Además, el interés no se limita a las semillas enteras, pues ya se está trabajando en la extracción de proteínas y grasas saludables para elaborar harinas enriquecidas destinadas a mejorar panes y otros productos procesados.

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