La celebración jubilar de la Jornada por la Vida tuvo lugar en el Altar Mayor de la Catedral de Sevilla la tarde de este martes 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor. A la Eucaristía presidida por el obispo auxiliar, monseñor Ramón Valdivia, acudieron las parroquias, movimientos y hermandades de la Archidiócesis, para dar testimonio de la irrenunciable defensa de la vida humana en todos sus momentos y circunstancias desde la concepción hasta su fin natural.
Al término de la celebración eucarística, monseñor Valdivia y los responsables de la Delegación Diocesana de Familia y Vida, Rafael Muñoz y Carmen Rodríguez, les hicieron entrega a todas las hermandades presentes de una adhesión a ‘Hermandad por la Vida’, mientras que con las parroquias participantes se hizo lo propio entregando una adhesión a ‘Parroquias por la vida’, junto a una guía de oraciones y recursos que se pueden utilizar en sus cultos o actos.
“Abrazando la vida, construimos esperanza”
Durante su homilía, monseñor Valdivia reflexionó sobre las familias cristianas. “La familia es el contexto, lleno de paciencia y de ternura, en el que nace el milagro de la vida. Abrirse al don de la vida es como abrir el oído a cada Palabra que Dios dirige a su pueblo para enriquecerlo con sus dones de misericordia; consecuentemente, cerrarse a la vida, o peor aún despreciar la vida naciente, supondrá la responsabilidad de dejar de tener entre nosotros a quienes Dios regalaba como signo de esa misericordia”.
En este sentido, expresó que “los dones de Dios no son caducos, pero al ponerlos en nuestras manos nos hace responsables y colaboradores de sus maravillas, todas distintas, todas bellísimas, todas buenas, más aún, ¡muy buenas! Por eso, la educación en la familia, en cada familia, no es sólo un privilegio para quien lo recibe, sino también un derecho, el derecho inalienable, inextirpable, indelegable que les corresponde a los padres, ¡y sólo a los padres! de poder educar a los hijos. Dios comprende el vértigo de abrazar una pequeña vida, indefensa en los también brazos frágiles del matrimonio”.
El obispo auxiliar exhortó a todos los esposos cristianos a acoger la vida que Dios os regala, “porque contáis y contaréis siempre con su gracia, como la que recibió la Sagrada Familia de Nazaret”. En definitiva, pidió a todos los presentes que “pidan a la Virgen María, que nos conceda que nuestras familias sean verdaderas escuelas donde aprender el arte de vivir, la artesanía de la paciencia que busca la belleza de vivir juntos porque Dios se ha hecho familia”.
Galería de la Eucaristía